Aniversario del natalicio de "esa mujer"

Interpelación por la militancia: a 103 años del nacimiento de Eva Perón

Por Franco Muñoz
sábado, 7 de mayo de 2022 · 17:15

Capaz de convertir la devoción por su nombre en un acto sagrado, Eva Duarte de Perón o Eva Perón, o tan solo y tan todo para algunos “Evita”, trasciende la historia argentina como esa mujer del pueblo de Los Toldos que se convierte en Primera Dama. A 103 años de su nacimiento, en esta nota efeméride se recuerda su vida como militante aclamada por trabajadores e impulsora del voto femenino. A modo de recuerdo se citan aquí dos acontecimientos que pueden ayudar a comprender su figura imprescindible, como lo son su posición al frente de la militancia por los derechos políticos de las mujeres y su renunciamiento a la candidatura a vicepresidenta para el segundo mandato de su marido, Juan Domingo Perón, en el año 1952.

El 7 de mayo de 1919, María Eva Duarte nace en Los Toldos, una localidad muy cercana a la ciudad de Junín, en la provincia de Buenos Aires. Allí creció junto a sus cuatro hermanos y su madre, hasta que, impulsada por su sueño de convertirse en actriz, viaja a Buenos Aires. En la capital del país trabajó de lo que siempre anheló en la radio y en el cine y conoció al por entonces coronel Perón en un festival realizado a beneficio de las víctimas de un terremoto ocurrido en San Juan. Luego de ese encuentro, la actriz y el coronel entablan una relación amorosa que se concreta con su casamiento después del levantamiento de trabajadores por la liberación de Perón, el 17 de octubre de 1945. Convertida en Primera Dama lideró la fundación que llevó su nombre, y con la cual creó hospitales, hogares para ancianos y madres solteras, policlínicos, escuelas e incluso una Ciudad Infantil. Además, brindaba asistencia a los necesitados y organizaba torneos deportivos infantiles y juveniles.

Mujer militante

Uno de sus bastiones, en el cual puede explicarse su popularidad al día de hoy, comprende su relación con la masa de trabajadores, sus “descamisados”, y sindicalistas, nucleados en la Central General de los Trabajadores. En 1951, previo a las elecciones, en la Asamblea Popular realizada en la avenida 9 de Julio, que se constituyó en Cabildo Abierto del Justicialismo, fueron los trabajadores quienes le exigieron a Juan Domingo Perón que Evita sea la candidata a vicepresidenta de la nación, para el segundo mandato peronista.

En su novela “Santa Evita”, Tomás Eloy Martínez reconstruye la escena de este pedido, en el que Eva Perón debe responder ante la solicitud popular, frente a su marido, que en ese momento es la figura secundaria del acto. El por entonces secretario general José Espejo fue quién primero, y ante la multitud que coreaba el nombre de Evita, dijo: “Pido que proclamemos al general Juan Perón candidato para presidente de la República y a la señora Eva Perón para la vicepresidencia”. La respuesta no tardó en llegar, pero para descontento del público no fue la deseada. “Mis queridos descamisados, yo les pido a las mujeres, a los niños, a los trabajadores aquí congregados que antes de tomar una decisión tan trascendental me den por lo menos cuatro días para pensarlo. Compañeros entiéndame, yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores”, dijo Eva Perón.

El detrás de escena de este renunciamiento es retratado por Tomás Eloy Martínez a raíz de una entrevista que le hizo al peluquero de Eva Perón, se trata de Julio Alcaraz, el creador del rodete de la Primera Dama con el cual es sublimada en todas las fotografías. Alcaraz fue testigo del diálogo que tuvieron el presidente Perón y Eva luego del acto en el que la CGT y los trabajadores congregados pidieron a “Evita” candidata a vicepresidenta.

“Dentro de un rato el partido va a proclamar tu candidatura y lo vas a tener que rechazar”, cuenta Martínez que le dijo Perón a su esposa, quien no se quedó callada: “Ni pienso, a mí no me van a presionar los hijos de puta que te han convencido a vos, no me van a presionar los curas ni los oligarcas ni los milicos de mierda. O me ponen a mí en la fórmula o no ponen a nadie, a mí no van a cagarme”. Esa conversación, que fue develada por el autor de la novela “Santa Evita”, fue durante 1951, cuatro años antes del Golpe de Estado que obligó a Perón a exiliarse. Las presiones militares que recibía el Gobierno Nacional se hacían sentir desde mucho antes de la autodenominada Revolución Libertadora, ese grupo conservador conformado por los mismos representantes que le recriminaba la Primera Dama a su marido era el que le negaba su candidatura. El final de esa discusión, que según el escritor de esta obra le relató el peluquero, es cuando Perón le informa a Evita que está sufriendo una enfermedad terminal. Luego, la historia es conocida.

Aquella respuesta en público de la Primera Dama tiene su relato fundacional en el accionar llevado adelante por ella misma  en 1947, cuando se discutía la inclusión ciudadana de la mujer en la política. En el texto firmado por Adriana María Valobra, titulado “Del hogar a las urnas”, la autora concluye que “para Evita, lo político atravesaba la cotidianeidad e invitaba a sumarse a la esfera pública, a quebrar los límites entre lo público y lo privado”. Aquí un fragmento del discurso de Eva Perón previo a la sanción de la ley 13.010 por los Derechos políticos de la mujer: “Los hogares pasarán a ser cajas de resonancia del país y todo aquello que no puede ser discutido, criticado, aceptado o rechazado en el intermedio de la mesa familiar no pertenece al número de preocupaciones del país”.

En este sentido, el artículo de Valobra explica que Eva Perón no concluía los derechos políticos de la mujer solo en la representación, sino que en la emisión del sufragio privilegiaba la movilización política. Es esta ponderación de la lucha, de la militancia de la Primera Dama, que se toma como punto de encuentro entre su postura al frente de la ley del voto femenino con su renunciamiento a “los honores” que le pedía el pueblo para la candidatura como vicepresidenta.

Lenguaje de fe

A continuación se citan aquí algunos fragmentos del mensaje de Eva Duarte de Perón dirigido a la mujer argentina, que ilustra su metáfora del conflicto en la política, y sobre todo en el sufragio: “Creo que hablamos ya un mismo lenguaje de fe y que estamos cada jornada más juntas, más íntimamente ligadas con nuestro destino paralelo. Creo que, día a día, aquí y allá, en las fábricas, o en los surcos, en los hogares o en las aulas, se acrecienta esa fuerza de atracción que nos reúne en un inmenso bloque de mujeres, con iguales aspiraciones y con parejas inquietudes. Creo que, al fin, hemos adquirido el claro concepto de que no estamos solas, ni aisladas, sino por el contrario, solidarias y unidas alrededor de una bandera común de combate”. Una vez sancionada, con aquella Ley, su liderazgo político se proyectó a nivel nacional y para 1949 creó el Partido Peronista Femenino.

Si bien su renunciamiento causó la desazón de los seguidores peronistas fue ella misma quien reconoció: “Ya en aquella misma tarde maravillosa que nunca olvidarán ni mis ojos y mi corazón yo advertí que no habría cambiado mi puesto de lucha en el Movimiento Peronista por ningún otro puesto”. Luego de este hecho que marcó la reelección de Perón, un año más tarde, a la edad de 33 años, Eva Duarte de Perón, o Eva Perón, o tan solo y tan todo Evita para sus fieles seguidores, murió tras pelear contra una dura enfermedad, el 26 de julio de 1952.

*Fuente: Página 12, efemérides del 7 de mayo; novela "Santa Evita", de Tomás Eloy Martínez; sitio web de Felipe Pigna "El Historiador", artículo "Del hogar a las urnas", de Adriana María Valobra.

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