La guerra por la basura

Para comenzar

Por Stefanía Tomalino.
martes, 9 de noviembre de 2021 · 12:00

Durante más de 30 años, los residuos de Alta Gracia fueron depositados a cielo abierto en un predio que la Municipalidad alquilaba, ubicado en barrio La Perla. Las distintas administraciones municipales fracasaron en la búsqueda de soluciones y para 1997, durante la intendencia de Audino Vagni, se empezaba a hablar de una planta recicladora, que nunca vio la luz. El proyecto fue retomado, sólo en ideas, por distintas gestiones, e incluso hubo un fallido intento de privatizar el servicio.
Durante años, las columnas de humo que desde el oeste "decoraban” a toda la ciudad, fueron el flagelo permanente de los barrios La Perla, General Bustos y Liniers, pero las críticas, no distinguían geografía.
El 1º de enero de 2013 -durante la intendencia de Walter Saieg- la ciudad cerró el basural y se anunció la intención de "remediarlo” para transformarlo en un espacio verde. Actualmente, en un predio colindante al exbasural, sobre calle Catamarca, un convenio con la Municipalidad autoriza a las empresas de contenedores a depositar solamente escombros y también tienen su lugar allí los autos judicializados. Sin embargo, ocho años después, poco ha cambiado en el paisaje de la zona sur de Alta Gracia.
Animales muertos, pañales usados, latas de pintura, basura electrónica, colchones, restos de comida, ropa, cartón, chatarra. El olor nauseabundo se hace sentir en el predio de la Reserva “El Amanecer”. Es como si la gente no supiera que allí ya no funciona un basural. 
En los últimos años, la gestión municipal ha intentado tímidamente comenzar a resolver el tratamiento y la disposición final de los residuos sólidos urbanos (RSU). Hoy, cada ciudadano genera un promedio de un kilo de basura por día y, en Alta Gracia, el Municipio debe resolver la disposición final de aproximadamente 55 toneladas diarias de RSU. 
Luego del cierre del basural, la basura de Alta Gracia comenzó a acumularse fuera de casa, en Piedras Blancas. Los números fríos del gasto que implica al municipio la disposición final de los residuos, pueden dejar pasmado a más de uno. Sin embargo, no deja de ser una “inversión” necesaria. Por mes, la ciudad traslada unas 1.200 toneladas de basura al predio de Piedras Blancas, algo así como 1.200.000 kilos. Por tonelada, debe desembolsar  650 pesos, lo que representa casi un millón de pesos mensuales, sólo para poder entrar a ese predio de enterramiento. Si a esto se le suma el gasto de combustible, mantenimiento de camiones y haberes de los agentes recolectores, el número se duplica. 
Paralelamente, desde hace algunos años se vienen impulsando distintas campañas de educación ambiental apuntadas a las instituciones educativas, centros vecinales y diferentes asociaciones de la ciudad. Estos talleres, que intentan rescatar la importancia de la separación en origen de los RSU, del reciclado y de la reforestación, entre otras consignas, están destinados especialmente a los más pequeños, pero en la práctica no tenían aplicación concreta. Al menos hasta este año.
Desde hace unos meses, dos grupos se disputan en la ciudad la gestión de los residuos reciclables, con desacuerdos y coincidencias que los acercan y los alejan. Un poco más allá, las intenciones del Estado de municipalizar el servicio pondrá en jaque convenios y esquemas productivos que hoy funcionan improvisados y con algunos tropiezos.

 
El convenio

En febrero, un grupo de vecinos de diferentes barrios de la ciudad creó una organización para dar el primer paso para el reciclado de los residuos sólidos urbanos. “Reusar” - Recicladores Urbanos por el Desarrollo Ambiental de la Región -nombre con el que se autodenominó el grupo- presentó un proyecto al secretario General y de Ambiente Roberto Urreta para que la Municipalidad de Alta Gracia sea un actor fundamental en el tratamiento de la basura. 
“El nuevo planteamiento de economía global hace que ciertos sectores de la sociedad quedemos marginados. Los pobres tenemos que agudizar el ingenio y reinventarnos para poder salir adelante. En una olla popular que estamos haciendo en la zona de la Cantera del Cerro, salió la posibilidad de reciclar, porque por un lado lo veíamos como una alternativa de fuente de trabajo genuino y autosustentable y por otro lado la cuestión del cuidado del medio ambiente. Sabemos cómo cada vez se contamina más. Yo venía escribiendo algunas cosas, y como se me escaparon muchas cosas de la parte técnica fui pidiendo ayuda y así nació el proyecto Reusar”, explica Humberto “Tito” Rivarola, histórico militante social de Alta Gracia y uno de los artífices del proyecto.
El mismo partió de la necesidad de encontrar nuevas soluciones para el tratamiento de la basura y a su vez generar puestos de trabajo. La idea fue que participaran 43 vecinos de distintos barrios periféricos de la ciudad y con el apoyo municipal. En su concepción original, se preveía contar con una logística acompañada por la Municipalidad. En una primera etapa, se proponía una buena promoción, que se basaba en el volanteo y una propaladora. La segunda era la recolección domiciliaria en sí, similar a la que realizan los recolectores de residuos: si ellos iban lunes, miércoles y viernes, los recolectores de Reusar pasarían martes y jueves. La tercera etapa requería un punto de acopio y el traslado con vehículos. Allí habría clasificadores y luego vendría la comercialización. Al mismo tiempo existirían puestos de trabajo para desarrollar tareas administrativas y articuladores. Pero muy poco de eso fue lo que llegó a concretarse.
Los meses pasaron, y el grupo organizado no tenía respuestas con respecto a la viabilidad del proyecto ni la posibilidad de su ejecución. “Cuando presentamos el proyecto, la idea era hacer el acopio en unos galpones en la zona de la Cantera del Cerro. Presentamos el proyecto en febrero, pero era mayo y no había novedades. Fue ahí cuando decidimos hacer una prueba piloto, casa por casa y repartimos volantes por barrio Cámara, poniendo plata de nuestro bolsillo. La gente colaboró muchísimo, y en dos horas recogimos 500 kilos en cinco calles. Fue una denuncia pública de lo que se estaba enterrando y del por qué era urgente darle una solución a este tema. El beneficio era también para la Municipalidad, porque está comprobando en los grandes municipios que una buena gestión de residuos con separación en origen disminuye un 30% de la basura que se entierra, disminuyendo además costos de traslado y enterramiento”, asegura Rivarola.
Finalmente, a fines de junio de este año,  la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad de Alta Gracia anunció la puesta en marcha del programa Reusar con el objetivo de implementar la separación de residuos en origen. Los contenedores se distribuyeron en cuatro puntos verdes de la ciudad para que los vecinos puedan llevar sus residuos separados: la Av. Hipólito Irigoyen esquina Raúl Alfonsín frente al predio de Colectividades; la estación Terminal de Ómnibus; la Plazoleta ubicada en Celestina Agüero y Ruta 5 de Barrio Parque San Juan y en Cervantes esquina Ruta a la Bolsa, de Villa Oviedo. Los puntos son gestionados posteriormente por recicladores urbanos que se ocupan de su tratamiento, vendiéndolos. Los 24 trabajadores enmarcados en el convenio cobran una “beca” de diez mil pesos y además se llevan, para dividir en partes iguales, el monto de dinero correspondiente a la comercialización de los materiales
Sin embargo, el proyecto original quedó postergado y a medias y -del mismo modo- los ingresos prometedores que generaría la comercialización de residuos a gran escala, también se fue diezmando. “Nosotros queremos llegar a más lugares, pero no nos da solos. Los puntos verdes no existen. Un viejo choto como yo  no va a caminar siete cuadras para dejar una botella de plástico… la tira a la basura, pero si vos ofrecés el servicio de pasar casa por casa, la historia es otra. Cuando planteamos estas cuestiones nos dicen que no hay plata”, declara el dirigente social. 
Hoy el circuito es el siguiente: un camión de la Municipalidad recoge los bolsones de los cuatro puntos verdes. La carga se lleva al galpón de Francisco Romero, el mayor compraventista de la ciudad, ubicado en el barrio Cámara. Allí, hay trabajadores que clasifican y pesan el material. Al final de la jornada se paga y ese dinero se reparte en partes iguales. Al mismo tiempo hay un grupo de 15 personas aproximadamente que andan por las calle con las “big bags” recogiendo por los domicilios.
Los ingresos que quedan en el bolsillo de los trabajadores son paupérrimos. Con la recolección de 8.000 kilos en el último mes, la comercialización del material generó un desembolso de 2.500 pesos por mes para cada uno, que sumado a los 10.000  pagados por el municipio, no alcanza ni a la mitad de un Salario Mínimo Vital y Móvil.

 

La competencia 

Mientras Rivarola y compañía esperaban una respuesta sobre la ejecución de su proyecto para el tratamiento y la disposición de los Residuos Sólidos Urbanos, otro grupo de trabajadores comenzó a implementarlo de manera muy similar. “Mientras nosotros esperábamos respuestas de la Municipalidad, aparece Daniel Suárez -por aquel entonces funcionario de la Municipalidad, alineado al Movimiento Evita- se reúne con nosotros, acá en mi casa y le contamos todo lo que teníamos en mente. Al poco tiempo salió con lo mismo. No tenemos nada en contra de ellos, pero molesta la manera de trabajo”, dice Rivarola. 
Así, Crea, se conformó con un grupo de trabajadores que venían desarrollando el oficio de cartoneros, pero encontraron en este espacio un lugar para organizarse y en la Faccyr  -Federación Argentina de Carreros, Cartones y Recuperadores– una herramienta sindical y un medio al cual pertenecer. Ellos fueron además los que pusieron todas las herramientas para poder funcionar (bolsones, carros, básculas). Ambas organizaciones se encuentran nucleadas en la UTEP - Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular - pero los miembros de Crea se diferencian de Rivarola y su grupo: “No somos lo mismo, no realizamos las mismas tareas. Ellos tienen un convenio con el municipio para trabajar los Puntos Verdes. Nosotros lo que hacemos es una recolección a pie, un servicio domiciliario en las zonas que promocionamos y no con gente que está con falta de trabajo sino con personas que históricamente desarrollan este trabajo. Tenemos la mejor onda y entendemos que en el medio o largo plazo, todos somos trabajadores del ambiente y estamos en la misma. Nos organizamos y trabajamos por los mismos derechos para todos los trabajadores del ambiente, para todos los que hacen de la basura un ingreso familiar”, asegura Nicolás Calvi, miembro de la organización y, al igual que Suárez, exempleado municipal.
El funcionamiento de Crea también es algo diferente, ya que realizan la recolección urbana en comercios que son pequeños y medianos generadores, prestando el servicio de retirar esos desechos puerta a puerta. Luego, los residuos se pesan en puntos móviles, que generalmente tienen lugar en Plaza Mitre. El grupo trabaja solamente con cartón y papel y lo comercializa a una empresa ubicada en Villa Oviedo que fabrica bolsas de papel y envases para comida rápida, principalmente. Estos, a su vez, prensan el producto, que es vendido a una empresa recicladora en Jesús María. 
La unidad productiva comenzó a funcionar hace cuatro meses y ahora cuenta con 25 integrantes entre recolectores, promotoras ambientales y administrativos. Las promotoras ambientales son quienes coordinan y organizan el recorrido de cada cartonero. Están vinculadas al programa nacional Potenciar Trabajo, que les asigna un ingreso de poco más de $15.000. Su función es mejorar las rutas para que en menos tiempo los cartoneros puedan juntar la mayor cantidad de material.
Por otro lado, están los cartoneros, quienes llevan adelante la tarea más importante. En el último mes de septiembre, se recolectaron 3.500 kilos de cartón y papel, trabajando dos días por semana. En términos monetarios en un buen día los cartoneros se llevan 2 mil pesos y en un malo alrededor de 700. Además, están vinculados al salario social complementario que es un derecho adquirido por ley, no un plan, sino una retribución que paga el Estado complementariamente a una tarea no remunerativa que se realiza. 
En total, entre las dos organizaciones, se recogen aproximadamente unos 11 mil kilos de basura por mes, frente a los 1,200.000 que la Municipalidad traslada en el mismo lapso al predio de enterramiento. Esto significa una reducción de 0.91% de la basura generada en Alta Gracia.

 

Las trabas y el reclamo

Ambas agrupaciones coinciden en un punto, y es allí mismo donde vuelven a caer en disputa. Es fundamental un lugar para realizar el acopio y la clasificación de los residuos. En el caso de Reusar, todo el proceso se desarrolla en el mismo lugar: el galpón de Romero, allí se clasifica y comercializa el material, lo que los deja atados a las condiciones del comprador, por falta de un lugar propio que les permita negociar sus propios términos. De hecho, empresas de la ciudad de Córdoba ofrecieron comercializar el plástico Pet a 35 pesos por kilo, sobre los ocho que paga el comprador local. En cuanto a Crea, la posibilidad de tener un lugar propio para poder trabajar permitiría aumentar la cantidad y poder comercializar a un mejor precio. 
Con algunas promesas a medias por parte del Ejecutivo Municipal, ambos tienen en vista el mismo lugar: un galpón ubicado en el predio donde funciona el Ceder, ubicado en barrio Cámara y fue allí donde también hubo problemas entre ambos grupos. “Cuando la gente de Crea se enteró que queríamos ese galpón fueron y pusieron un gazebo en la puerta para que se los den ellos”, cuenta Rivarola. 
Ante estas trabas, Reusar presentó un reclamo al Municipio solicitando un espacio de acopio y clasificación, proponiendo el terreno de una compañera de la agrupación para que sea utilizado como lugar de acopio; ropa de trabajo que permita realizar la labor; mejores formas de traslado del material y mejor comunicación para poder llegar a los vecinos informando sobre la tareas. 
El convenio de la Municipalidad con Reusar finaliza el 31 de diciembre, y fuentes municipales ya adelantaron que no será renovado. El gobierno local apostará a municipalizar el servicio, para que el Estado se haga cargo de la gestión de los residuos reciclables, dejando abierta la posibilidad de colaboración con las organizaciones pero sin un compromiso abiertamente confirmado. El mismo galpón del Ceder es el lugar elegido para realizar el acopio y la planta de transferencia de esa basura, donde tendría lugar la clasificación y compactación, para llevarlos al destino final de su comercialización, dotando así de un valor agregado a la misma materia prima que antes se enterraba.  
 

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